💡Post: La misión y la importancia del distribuidor

npqeditores/ enero 30, 2020/ ARTÍCULOS PORTADA, BLOG, Uncategorized

Ximo Sancho ( DISTRIBUIDORA GEA LLIBRES)

No me considero capaz de poder definir nuestro trabajo, desde el día que leí a Mario Muchnik en su libro ‘Lo peor no son los autores‘, en el hacia referencia sobre el mundo de la Distribución, ha sido  el único que reconoció nuestro trabajo, pues para la mayoría no existimos. 

En este sentido, Mario  Muchnik señalaba: «Quiero decir algo acerca de estos “olvidados” del mundo del libro, los distribuidores. Su misión, quizá la mas delicada en la cadena que lleva un texto de la mesa de trabajo del autor , al sillón del lector , nunca recibe la atención que merece por parte de los críticos. Sin embargo, los distribuidores, cuando son buenos, son literalmente vitales para la literatura».

Y luego, en otro libro de él mismo, ‘Oficio editor‘, dice en referencia en referencia al Distribuidor: «Editar un libro significa ponerlo en venta, y ponerlo en venta significa llegar al mayor número posible de librerías en donde el público pueda encontrarlo» .

Para ello están las varias empresas distribuidoras de libros. Un editor que se propone editar libros de arte no necesita un distribuidor que llegue a todas las librerías del país: con que llegue a las más finas y mejor surtidas es suficiente. Un editor que en cambio se proponga editar novelas populares, libros de cocina o guías turísticas, buscará un distribuidor de más amplia clientela de libreros. Pero es fundamental que la editorial tenga distribución en librerías.

El distribuidor es el primer cliente del editor

Este debe «vender» su libro al distribuidor, explicándoselo, hablándole del autor y dándole las razones por las que este lo ha escrito y él editado. A su vez, el distribuidor transmitirá esta información a su plantel de agentes, quienes visitan diariamente a los libreros servidos por el distribuidor y les transmiten a estos el mensaje del editor. En el proceso se pierde mucha información, de manera que el editor ha de tener la perspicacia de transmitir al distribuidor poca pero significativa información sobre el libro.

Un libro puede ser muy bueno o no; pero si el autor se llama, por ejemplo, Barak Obama, esta y no otra es la información que debe recibir el distribuidor. El librero, quien diariamente recibe las visitas de muchos otros agentes de otras distribuidoras, podrá escuchar a nuestro agente durante un tiempo muy limitado. Aunque cueste creerlo, el promedio de tiempo del que dispone un librero para informarse acerca de un libro son solo quince segundos, aproximadamente.

Parafrasea sir Stanley Unwin un poema de un alemán, Felix Dahn, que dice: «Escribir libros es fácil; hace falta únicamente pluma, tinta y el papel, siempre resignado. Imprimir libros resulta algo más difícil, porque a menudo el talento se complace en tener un carácter de letra ilegible. Leer libros es aún más difícil, debido a la dulce somnolencia que lleva consigo la lectura. Pero la tarea más ardua que puede emprender el hombre es la de vender un libro».

El momento en que un agente explica un libro al librero y este le pide uno o dos ejemplares del mismo para exponer en su tienda tiene algo de mágico. Es tal vez el momento más delicado en la cadena que va del autor al lector. Es verdad que los promedios dicen poco: para ciertos libros podrá tratarse de cinco o diez minutos; para otros de… ¡cero segundos! Es en ese momento cuando comienza a funcionar el «filtro del mercado», el proceso subjetivo por el que un libro tiene éxito o se hunde. Y es en este momento cuando se manifiestan las diferencias entre distribuidores: ciertos agentes consiguen mayor atención de los libreros y, ¡vaya casualidad!, son los agentes de las mejores distribuidoras. Lo que el editor ha de tener muy claro es que su primer cliente, y el más importante, es su distribuidor.

Y también ha de tener claro que un distribuidor maneja muchos más títulos que cualquiera de los editores que distribuye. De ahí que el editor deba comenzar por consultar a su distribuidor acerca de la conveniencia de editar un libro o no. No será el distribuidor quien decida, pero un editor que decide sin conocer la opinión a priori de su distribuidor corre peligro de meter la pata.

En España, como en muchos otros países, esta compra está condicionada por el llamado “derecho de devolución”. En virtud de este derecho, tanto el librero al distribuidor, como el distribuidor al editor, pueden devolver los libros no vendidos en cualquier momento, aunque hayan pasado años desde la compra original. No es un sistema cómodo para el editor, quien en última instancia es quien financia toda la operación habiendo pagado la fabricación del libro sin el mínimo derecho de devolución a la imprenta de los ejemplares no vendidos; y habiendo pagado todos los costos de preimpresión, sin el mínimo derecho a que los colaboradores le reembolsen nada por los ejemplares no vendidos; y habiéndole pagado el anticipo al autor, sin la sombra de una posibilidad de reclamárselo si el libro no se vende. Muchos editores han ido a la quiebra por esto. También es cierto que, sin este derecho de devolución, optando por la llamada “venta en firme”, la primera distribución de una novedad sería mucho más reducida, pues ni los libreros ni el distribuidor suelen disponer de fondos suficientes como para arriesgarlos sino en compras pequeñas. Lo cual conspira contra el éxito de un libro: las ventas dependen en gran medida de que el libro esté bien expuesto en el mayor número de librerías.

Quiero decir algo más acerca de los distribuidores:

Nobody is perfect, pero hay quienes se aproximan a la perfección.

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